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Isaías 53

Desayunando con Jesús

Isaías 53

Se presenta una vez por semana un Podcast, en el que se tratará de varios temas que argumenten los fundamentos de la Fé, entre otros vistos desde la optica de la academia.

Podcast desarrollados por Fernando Montoya Franco graduado del STBE, 58 años de edad casado por 39 años con Eliana Ortiz Duran , dos hijas Andrea Paola y María Alejandra, y dos nietas Rebecca y Victoria, mis dos yernos Fidel y Daniel dando gracias a Dios todos orgullosamente seguidores de Cristo Jesús.

Esta seria de episodios grabados en audio Inician ahora.

Isaias 53

En este Podcast miraremos la esperanza que Cristo Jesús nos deja como legado y como esto se vuelve una verdad en los apóstoles que luego de ser testigos de la muerte de Cristo Jesús entran en un obscuro momento de duda y miedo pero que finalmente se restaura al mirar a Jesús resucitado.

https://audio.com/fernando-montoya-franco/desayunando-con-jesus-isaias-53

Escrito por Fernando Montoya Franco

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Tres días y Tres noches

Desayunando con Jesús

Tres días y Tres noches

Se presenta una vez por semana un Podcast, en el que se tratará de varios temas que argumenten los fundamentos de la Fé, entre otros vistos desde la optica de la academia.

Podcast desarrollados por Fernando Montoya Franco graduado del STBE, 58 años de edad casado por 39 años con Eliana Ortiz Duran , dos hijas Andrea Paola y María Alejandra, y dos nietas Rebecca y Victoria, mis dos yernos Fidel y Daniel dando gracias a Dios todos orgullosamente seguidores de Cristo Jesús.

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Tres días y Tres noches

Este es un Podcast especial, por eso es un poco mas largo que los que subo normalmente, en esta Semana Santa de 2023 coincide la cronología de los hechos como sucedieron hace 1990 años en el tiempo de Jesús. La señal que dejo Cristo Jesús de 3 días y 3 noches no podemos ignorar.

https://audio.com/fernando-montoya-franco/desayunando-con-jesus-3-dias-y-3-noches

Escrito por Fernando Montoya Franco

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Evidencia de Cristo Jesús parte II

Desayunando con Jesús

Evidencia de Cristo Jesús parte II

Se presenta una vez por semana un Podcast, en el que se tratará de varios temas que argumenten los fundamentos de la Fé, entre otros vistos desde la optica de la academia.

Podcast desarrollados por Fernando Montoya Franco graduado del STBE, 58 años de edad casado por 39 años con Eliana Ortiz Duran , dos hijas Andrea Paola y María Alejandra, y dos nietas Rebecca y Victoria, mis dos yernos Fidel y Daniel dando gracias a Dios todos orgullosamente seguidores de Cristo Jesús.

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  1. Evidencias-de Cristo Jesus

En este Podcast seguimos describiendo la cruel y dura agonía y muerte que tuvo Jesús a causa de nosotros, por Amor a su Padre, para ofrecer Salvación a la humanidad, como el único Camino, Verdad y Vida.

https://audio.com/fernando-montoya-franco/desayunando-con-jesus-evidencias-de-cristo-jesus-su-muerte

Escrito por Fernando Montoya Franco

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Evidencia de Cristo Jesús

Desayunando con Jesús

Evidencia de Cristo Jesús

Se presenta una vez por semana un Podcast, en el que se tratará de varios temas que argumenten los fundamentos de la Fé, entre otros vistos desde la optica de la academia.

Podcast desarrollados por Fernando Montoya Franco graduado del STBE, 58 años de edad casado por 39 años con Eliana Ortiz Duran , dos hijas Andrea Paola y María Alejandra, y dos nietas Rebecca y Victoria, mis dos yernos Fidel y Daniel dando gracias a Dios todos orgullosamente seguidores de Cristo Jesús.

Esta seria de episodios grabados en audio Inician ahora.

  1. Evidencias-de Cristo Jesus

En este Podcast iniciaremos una serie de audios que mostraran las Evidencias de Cristo Jesús, argumentos que servirán para sostener una adecuada defensa de nuestra Fe.

https://audio.com/fernando-montoya-franco/desayunando-con-jesus-evidencias-de-cristo-jesus

Escrito por Fernando Montoya Franco

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Pastoral Migrante

Linaje Real

Linaje Real

Por : Patricia Cofré

Mateo 1: 3-6

Judá engendró de Tamar a Fares y a Zara, Fares a Esrom, y Esrom a Aram.
Aram engendró a Aminadab, Aminadab a Naasón, y Naasón a Salmón.
Salmón engendró de Rahab a Booz, Booz engendró de Rut a Obed, y Obed a Isaí.
Isaí engendró al rey David, y el rey David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías.

En las biografías antiguas de los reyes se usaban genealogías para validar el linaje real. Los versículos anteriores son parte de la genealogía que Mateo hace de Jesús para validarlo como el rey, el mesías esperado por los israelitas. En esta reflexión previa a la navidad estos versículos llaman la atención dado que, en ellos las mencionadas son mujeres. Analicemos cada una:

Tamar, Génesis 38. Una mujer presuntamente cananea, que buscó su derecho a tener descendencia vistiéndose de prostituta. De este modo se embarazó de su suegro quien no se había ajustado a la tradición de levirato[1] y le negó el matrimonio a su hijo menor. Ella dio a luz gemelos y uno de ellos, Fares, es parte de la genealogía.

Rahab, Josué 2. Una prostituta que vivía en el muro de Jericó, que escondió en su casa a dos espías israelitas antes que Jericó fuera vencido por el pueblo de Israel. Ella creyó en Jehová de los ejércitos que protegía a Israel. Tanto ella como su familia fueron salvados en la derrota a Jericó y más tarde se casó con un israelita y fue la madre de Booz.

Rut, Libro de Rut. Una mujer viuda, moabita que decide cuidar a su suegra Noemí, una israelita también viuda, quien regresa a su país. En medio de la pobreza y desamparo, Rut recogía gavillas en el campo de Booz[2]. Este era pariente de su suegra y ésta le ayudó a casarse con él. Rut fue la madre de Obed, abuelo paterno del rey David.

La esposa de Urías, Betsabé, 2 Samuel 11. Inferimos que es hitita, por ser esposa de Urías el hitita (oficial del ejército de David). Fue llevada por el rey David al palacio, luego que la espiara bañándose. Del encuentro ella queda embarazada y David intenta desligarse de responsabilidad trayendo a Urías a la ciudad para que “embarace” a su esposa. Al negarse, fue asesinado, por orden del rey, en batalla. Betsabé tomada como esposa del rey una vez cumplido su luto. Fue la madre del rey Salomón.

Al leer esta genealogía nos parece más bien una página de prensa amarillista de la época. Primero, porque en esa época las mujeres no se consideraban en las genealogías. Segundo, todas excepto Rut estaban envueltas en situaciones consideradas escandalosas. Para culminar, todas eran extranjeras y, según sabemos, la cultura judía no se mezclaba con otras naciones por ser el pueblo escogido de Dios.

El dicho dice, “una cadena es tan fuerte como el eslabón más débil” Las mujeres serían ese eslabón en esta genealogía, consideradas vulnerables y frágiles puesto que no tenían patrimonio ni derecho económico a menos que estuvieran bajo la protección de un varón. Eran un objeto de transacción y uso, faltas de derecho y dignidad sobre su condición humana.

Detrás de ellas había una realidad de pecado, no solo porque ellas fueran pecadoras, al hacer zoom a la foto se puede observar un sistema de pecado que les hacía parecer mayores pecadoras en comparación a los varones. No solo ellas pecaban sino otros cometían pecado e injusticia contra ellas. Había una cierta persecución mayor y falta de justicia.

Por ultimo está el hecho de que eran forasteras, extranjeras “inmigrantes”. Cuatro mujeres que provienen de ciudades que representan diferentes latitudes geográficas con respecto a Israel; Canaán al oeste, Jericó al este, Moab al sureste e Hititas al norte. Representan al mundo cruzando la frontera de Israel.

Resumiendo, podríamos pensar que Mateo quiso describir una “genealogía real”, no desde el punto de vista de la realeza sino en el sentido de “realidad”. A través de la sangre de estas mujeres el Rey Mesías contiene realidad de la más pura debilidad o vulnerabilidad, de la más pura realidad pecaminosa de sus antepasados y finalmente una realidad multirracial donde sangre de diversas naciones se mezcla y conforma su sangre. Nada más “real” como la representación de esos elementos inherentes al ser humano.

El texto bajo lentes de migración:

Como países latinoamericanos estamos experimentando oleadas de migración por situaciones de violencia, económicas o persecución política. Personas dejan sus países, sus costumbres, redes afectivas, sus bienes, etc. La gran mayoría de los desplazados se moviliza porque la situación en sus países se ha vuelto insostenible. Al llegar a un nuevo país, con diferentes estructuras y costumbres, toda persona debe pasar por procesos de adaptación. Si a este proceso se le agrega que manejen pocas herramientas emocionales, por el sufrimiento que vienen cargando, pocos recursos económicos, poca o nula conectividad social, entre otras, adaptarse será muy complejo.

Esto inevitablemente les deja en un estado de debilidad y vulnerabilidad, sin derechos a los que estaban acostumbrados. En las oleadas migratorias viajan mujeres, niños, ancianos, varones desempleados que muchas veces viajan con pocos recursos. Cuando alguien se siente vulnerado en sus derechos, siente frustración, desesperación e incluso luego de tanto buscar justicia y no encontrarla, entra en un círculo vicioso de fracaso tras fracaso y, al no ver solución a esa realidad. Salen de sus países, pero al llegar a su “tierra prometida”, se ven envueltos en realidad de pobreza y falta de derechos.

En estos países donde llegan, generalmente encuentran resistencia, sospecha, falta de oportunidades y hostigamientos e incluso detalles tan simples como una barrera idiomática, eso transforma la adaptación no será solo en difícil sino casi imposible. Eso les puede hacer presas fáciles de pecado estructurales como trata de blancas, como explotación económica al recibir ingresos menores por su mano de obra. Muchas veces quizá una simple ayuda, una simple palabra que abrace su condición foránea puede significar un cambio radical, un reencuentro con su dignidad, tal como fue para Rut quien recibió de Booz condiciones que brindaron esperanza.

Conclusión

Como la genealogía de Jesús lo manifiesta en Mateo, su linaje muestra la realidad humana tan cruda, una humanidad débil y vulnerable, una humanidad caída y una humanidad compuesta de diversas razas.

Jesús pide a sus seguidores hacerse cargo de estas realidades como una misión especial. Mateo mismo en el cap 25: 35-45, señala que su juicio se basará en las acciones que hagamos en relación a los más débiles, los pobres, los sin derecho, los extranjeros…si a ellos cuidas, a mí me cuidas seria la paráfrasis del verso 45. El mismo autor en el capítulo 28 nos envía a todo el mundo a llevar la buena noticia del evangelio. Como iglesia ya no necesitamos ir, podemos predicar al mundo desde nuestro contexto.

Todos hemos sido inmigrantes o tenemos antepasados que han migrado. La sangre de Jesús también lo señalaba. Si tan solo consideráramos que tenemos mezcla de culturas en nuestra sangre, sería más fácil pensar en los inmigrantes como familia. Nadie desea que su familia sea maltratada o que se nos mire con altivez. En el contrario, si descubriéramos que al agregar al ADN humano las características únicas y diferentes de otra raza es un complemento más que una debilidad.

En la espera de una reacción a estas realidades humanas, la Navidad o la encarnación del Verbo se abre un halo de esperanza para encontrar respuestas. En El, el débil puede decir fuerte soy, él nos da esperanza en una realidad de pecado por medio de arrepentimiento, de perdón y restitución y nos da ejemplo para luchar por justicia ante el maltrato de otros. Por último, nos permite ser bienvenidos a una familia interracial donde no hay judío ni griego; ni hombre ni mujer; ni esclavo ni libre sino todos somos iguales.

Preguntas:

¿De qué manera juzgamos a las personas que conforman nuestro círculo cercano?

¿De qué manera juzgamos a quienes no conocemos?

¿Si Cristo se preocupó por las realidades mencionadas, que hacemos como Iglesia hoy?

¿Qué prejuicios tenemos hacia personas de otros países?

¿Qué pensamos de inmigrantes europeos, que llegaron a vivir a nuestro país? ¿Cómo los tratamos?

¿Qué pensamos de inmigrantes latinos? ¿Cómo los tratamos?

¿Qué hacemos como iglesias para denunciar situaciones de abuso sea a los más débiles o a forasteros?

¿Estamos dispuestos a movernos de nuestra zona de confort para ir en ayuda de otros?

[1] El levirato era una institución de amparo que consistía en que si el esposo muere sin descendencia la mujer se casa con uno de los hermanos del difunto. La descendencia era importante para el varón pero de manera significativa para la mujer ya que implicaba contar con alguien en la vejez.

[2] Según Deut. 24:19, gavillas eran dejadas para que extranjeros, huérfanos o viudas las recogieran. La costumbre se relacionaba con el mandato que Dios dio a su pueblo de proteger a los extranjeros, huérfanos y viudas.

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Pastoral Migrante

¡VENGAN TODAS LAS NACIONES!

¡VENGAN TODAS LAS NACIONES!

Por : Richard Serrano

“Por causa del Señor tu Dios, por el Santo de Israel que te ha honrado, llamarás a gente que no conocías; pueblos que nunca te conocieron correrán a ti” (Isa. 55:5, RVC).

Una invitación hecha pacto y promesa. Isaías 55 se enmarca en el anuncio de una época nueva que estaría para inaugurarse. Esa época estaría signada, entre otras cosas, por la equitativa repartición y el pleno disfrute de los bienes de la tierra. En principio, es una promesa de restauración para Israel, pero el pueblo del Señor vendría a ser apenas el instrumento usado para hacer extensivas sus bendiciones a las demás naciones de la tierra. De esta manera, en este proyecto divino las promesas hechas a David (55:3) ya no serían solo para él y su familia, ni siquiera para un solo pueblo; las promesas incluirían a todos los pueblos de la tierra. El tono del anuncio profético es de alianza. Dios establece un pacto con su pueblo, con la misma solemnidad y fidelidad con que lo hizo con David (55:3).

El mensajero asume las funciones de un pregonero ambulante (55:1-2) que, a viva voz, ofrece bienes de gran calidad y demanda. Acá viene lo impensable: todos los pueblos están invitados a venir y adquirir sus productos de balde, ¡no hay que pagar! Se detallan estas características de semejante invitación:

a) es inclusiva: “Todos ustedes…”,
b) se hace con premura: “… Los que tienen sed…; los que no tienen dinero…”,
c) se plantea con esplendidez y abundancia: “Vengan a las aguas; y ustedes, los que no tienen dinero, vengan y compren, y coman. Vengan y compren vino y leche…”,
d) es gratis: “… Sin que tengan que pagar con dinero”.
Los bienes ofertados, de alguna manera, evocan el agua y el pan del éxodo, la leche y la miel de la tierra prometida, el vino de la comida pascual y la abundancia de la vida buena que se afirma en Deuteronomio.

El pacto que encontramos en Isaías 55 hemos de verlo, pues, tanto en su sentido histórico como en su sentido teológico o escatológico. Históricamente, alude a la restauración del Israel desterrado a causa de su desobediencia o infidelidad (1 Sam. 8:1-20), el cual tenía que volverse al Señor para su repatriación (Jer. 31:1-4). Teológicamente, las promesas que acompañan la restauración y el retorno sirven de anticipo al tiempo de gracia para todos que encuentra su cumplimiento pleno en Jesús, el Mesías de Dios. El trato de Dios a Israel nos ilustra hoy su trato en Cristo para todos los que respondan positivamente a su invitación.

Una invitación puesta en contexto de actualidad. Esta invitación no se hace hoy en el vacío. Puede y debe ser vista en medio de situaciones reales. Dios sigue llamando, por medio de su pueblo, a individuos, familias, pueblos y naciones que lidian con circunstancias concretas de apremio. ¿Cómo se traduciría esta invitación del Señor para las personas que, por razones diversas, voluntaria o forzadamente, dejan sus tierras en busca de mejores condiciones de vida para ellos y para sus seres queridos? En nuestra región, la migración figura entre los principales temas de interés y controversia social. El caso venezolano, y más recientemente el centroamericano, así lo evidencian. ¿Desde dónde nos acercaremos a estas realidades tan complejas? Intentemos una mirada desde Isaías 55:1-7.

Lo primero, cuando pensamos en migración o movilidad humana, sin quererlo, despersonalizamos nuestro abordaje. Lo reducimos al fenómeno social, al tema de estudio o discusión, al hecho noticioso o anecdótico, en fin, que lo es. Pero es más que eso. Deberíamos ponerle rostro de gente de carne y hueso. Así, no solo es importante la cuestión de la “migración”, sino responder a lo que viven y requieren los “migrantes”. Son personas con necesidades integrales. Tienen rostros e historias como las nuestras. Isaías se dirige a personas que padecen sed, experimentan hambre y cansancio, carecen de condiciones mínimas para suplir sus necesidades fundamentales. Pero no solo eso, son personas que en su afán de resolver sus apremios físicos y materiales muchas veces pierden de vista otras necesidades tan o más importantes como las que les presiona: “¿Por qué gastan su dinero en lo que no alimenta, y su sueldo en lo que no les sacia? Escúchenme bien, y coman lo que es bueno; deléitense con la mejor comida” (55:2). La pregunta del mensajero evoca el llamado de atención de Jesús a la multitud que le seguía con intereses difusos: “Trabajen, pero no por la comida que perece, sino por la comida que permanece para vida eterna, la cual el Hijo del Hombre les dará; porque a éste señaló Dios el Padre” (Juan 6:27). Con todo, resulta notable que a ninguno privó Jesús del alimento necesario.

Segundo, ya lo hemos asomado, la invitación es inclusiva y humana. Se basa en las necesidades humanas, no en las posibilidades sociales, materiales o económicas financieras. Es como si dijera: “Si son seres humanos con necesidades, ¡bienvenidos!” No importa su gentilicio, color de piel, estrato social, ni su poder adquisitivo. En principio, basta con que sean humanos con necesidades reales. En una sociedad como la nuestra, obsesionada con la productividad, que toma decisiones en función del capital y los títulos, es fácil terminar “cosificando” a las personas. Tristemente, nuestra cultura parece dada a la lógica de amar las cosas y usar a las personas, en lugar de, siguiendo el modelo de Jesús, amar a las personas y usar o administrar las cosas. Así, pues, es comprensible que los migrantes que tienen dinero para gastar incomodan menos o definitivamente no molestan; los que tienen cualificaciones o prestigio son reconocidos y bienvenidos.

Tercero, Isaías nos desafía a abrir las puertas, las manos y el corazón a otros, conocidos o no, parecidos o no. “Por causa del Señor tu Dios, por el Santo de Israel que te ha honrado, llamarás a gente que no conocías; pueblos que nunca te conocieron correrán a ti” (55:5). Nuestra tendencia es preferir a los que son como nosotros. Los que tienen otro color, otra fisionomía, otro acento, vienen de otro lugar, son distintos, nos generan sospecha, nos incomodan. Es curioso que un judío promedio aceptaba como prójimo solo a otro judío como él; para ello, judío y todo, incluso, debía contar con ciertas características rituales y de conducta. Nuestra cultura, abierta o veladamente, nos tienta a mirar al otro como “amenaza” o “peligro”. Hay que cuidarse de los “otros”. “Ellos” son muchos. “Nosotros” somos del lugar, mejores, con derechos y mucho para cuidar. La mayoría de las veces el otro no hace sino revelar nuestros miedos, complejos, encierros y mezquindades. Vale acá la exhortación del Señor a su pueblo: “No engañarás ni maltratarás al extranjero, porque también ustedes fueron extranjeros en Egipto. No afligirás a las viudas ni a los huérfanos. Si llegas a afligirlos, y ellos me piden ayuda, yo atenderé su clamor” (Éxo. 22:21-23). Y, con más razón, conviene la de Jesús: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente”. Éste es el primero y más importante mandamiento. Y el segundo es semejante al primero: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mat. 22:37-39).

Cuarto, el pueblo de Dios es responsable de anunciar y demostrar su amor a todos. Todo lo que se promete en este pasaje de Isaías se fundamenta en el Señor: “Por causa del Señor tu Dios…” (55:5). El móvil principal de todo lo que haga el pueblo de Dios tiene que ser el amor de Dios y su demostración suprema está en Jesús. Corresponde al pueblo de Dios, a los seguidores de Jesús, reflejar ese amor a los que hoy se llegan a nosotros. Se nos da la oportunidad para compartirles el Evangelio de Jesús y demostrarles con hechos que en él hay buenas noticias para esta vida y para la venidera: “Inclinen su oído, y vengan a mí; escuchen y vivirán. Yo haré con ustedes un pacto eterno…” (55:3). En ocasiones, oramos porque personas de otras naciones sepan de la vida abundante en Jesús (Juan 10:10), y luego cuando vienen a nosotros solemos mirarles solo con los lentes de las leyes o al fragor del pulso de las discusiones o noticias, que son lecturas que hay que dar; pero no los miramos con lentes de la fe y el amor cristiano. Si no somos nosotros, ¿quién más les mirará conforme a los ojos, el corazón y los planes de Dios?

Una respuesta para que haya “conversión”.  La invitación de Isaías no se trata de meras promesas sin compromisos. Dice: “Escúchenme bien…”. Esta es la demanda de oír con la disposición de obedecer al Señor. Y el llamado a la obediencia es a todos, lo que implica volverse a Dios, “conversión”: “Busquen al Señor mientras pueda ser hallado; llámenlo mientras se encuentre cerca. ¡Que dejen los impíos su camino, y los malvados sus malos pensamientos! ¡Que se vuelvan al Señor, nuestro Dios, y él tendrá misericordia de ellos, pues él sabe perdonar con generosidad!” (55:6-7). Pero no nos llamemos a engaño pensando que la conversación es solo para los “otros” y no para “nos-otros”. ¿No es este, acaso, un llamamiento a nuestras propias conversiones? ¿De qué pensamientos y actitudes tendremos que convertirnos como sociedad al no responder a otros y sus circunstancias como lo hizo o haría Jesús? ¿Recordamos el llamado de 2 Crónicas 7:14?: “… Si mi pueblo, sobre el cual se invoca mi nombre, se humilla y ora, y busca mi rostro, y se aparta de sus malos caminos, yo lo escucharé desde los cielos, perdonaré sus pecados y sanaré su tierra”. Siempre parece más fácil mirar la paja en el ojo de los “otros” que sacar la viga de los ojos de “nos-otros”.

Algunas preguntas que orienten nuestra reflexión y acción:

  • ¿Con qué “lentes” miramos lo migratorio y a los migrantes?
  • ¿En qué sentido la invitación de Dios en Cristo es también para ellos?
  • ¿Qué tan dispuestos estamos a compartir las bondades de esta tierra con otros seres humanos en apremio?
  • ¿Por qué se tiende a mirar al otro, a todos, solo como amenazas?
  • ¿De qué maneras podemos y debemos anunciar y demostrar el evangelio a los que dejan sus tierras por razones variadas y complejas?
  • ¿Qué posibilidades tenemos, como cristianos y como iglesias, al tener que tratar con personas que no conocíamos y responder a personas que corren a nosotros?
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Devocionales

Estudio de salmo 91:16

Salmo 91:16

Los recompensaré con una larga vida
y les daré mi salvación

Junto con mi iglesia, hemos hecho el continuo esfuerzo de hacer llegar provisión a los hermanos más vulnerables de la congregación. Nos hemos encontrado con diferentes situaciones difíciles. Aquellos que viven al día que no han podido trabajar, hermanos de la tercera edad propensos a muchas enfermedades y familias numerosas para quienes es complicada la repartición de alimento. Pero una de las cosas más frustrantes, ha sido no encontrar los medios para proveer a tantas necesidades. Y ante sentirme inútil e impotente, recientemente Dios trajo un recordatorio importante de su fidelidad. Sí, veo que estos momentos cuando mi pobreza se hace presente, son oportunidades para confiar en lo que no se ve, y observar a Dios obrar de maneras sorprendentes. Es cuando encuentro mi límite que puedo aferrarme a las promesas de aquél que es sin límites y que en este momento solo me dice: “Los recompensaré con larga vida, y les daré mi salvación.”

Es importante ver estas promesas- de recompensas, larga vida, y salvación- bajo el contexto de que la esperanza del futuro con Jesús son para esta vida y la vida eterna. Es decir, no sabemos si podremos ver ciertas promesas manifestadas en su totalidad por ahora, pero sí podemos saber con certeza que las veremos. Estas promesas nos hablan del carácter de un Dios atento a nuestro clamor, amoroso, y fiel. Él cumplirá, y por eso podemos confiarle. Ya sea que lo cumpla en nuestras vidas como en la de Job (recibiendo restituciones físicas), o quizás como a los apóstoles que sacrificando todo por Jesús acumularon para si un mayor tesoro celestial. Pero en ambos casos su fé estaba firme en que Dios hacia lo mejor para sus hijos y cumpliría cada promesa.

Bajo ese sentir, recientemente experimenté un recordatorio de su fidelidad, ya que al verme en la impotencia de no poder brindar provisión a los hermanos, recibimos la generosa ayuda de un grupo de hermanos del extranjero. Ellos, por iniciativa propia y sin conocernos, decidieron dar al saber de la situación difícil que estamos atravesando. Para mí fue precioso ver cómo fueron movidos a misericordia, mostrándonos lo que es ser iglesia, lo que es ser cuerpo, lo que es estar unidos por el vínculo más sólido e imperecedero, el de Cristo. Gloria a Dios porque el mueve a quien quiere y como quiere para ayudar a sus santos, para alimentar a sus hijos, para decirnos con estos tiernos gestos que está aquí, que no nos ha abandonado en medio del dolor. Que está, siempre ha estado y siempre estará bajo control.  .

¿Cuáles promesas de Dios necesitas recordar tu en tu vida hoy? ¿Cómo puedes leerlas, anhelarlas, llorar y descansar en ellas por lo que estás atravesando? ¿De qué manera has podido percibir la presencia de Dios contigo esta semana? Te invito a tomar todas las promesas de este salmo, y junto con el Espíritu Santo busca aceptarla en tu vida. Trata de conscientemente dejarte llenar por la protección de paz y  amor que tu Dios fiel te ofrece.

Escrito por Patricia Tamara Cofre

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Devocionales

Estudio de salmo 91:15

Salmo 91:15

Cuando me llamen, yo les responderé;
estaré con ellos en medio de las dificultades. Los rescataré y los honraré.

Era de madrugada, cuando de repente se despertó, adolorido, asustado y con un instrumento médico dentro de su garganta que le apretaba fuertemente.  Quiso sacárselo a la fuerza pero alguien lo impidió, lo calmo, quitó su dolor con alguna medicina y luego aquel joven pudo descansar bien esa noche. Después de algunos días, este paciente fue dado de alta del hospital y cuando le contaron toda la historia de ese día recuerda con profundo cariño y respeto a aquel médico desconocido que estuvo junto a él, que lo libró del dolor y de la desesperación y finalmente lo curó. Por un accidente que casi le cuesta la vida, ese muchacho llegó a conocer a aquel “héroe” que no descanso sino estuvo cuidando de él todo ese tiempo.

Si bien esta historia de aquel paciente joven se puede repetir una y otra vez en diferentes situaciones y contextos, la vida nos da la oportunidad de conocer a aquellos diferentes héroes íntegros de carne y hueso, y que en algunas ocasiones incluso llegan a dar su vida por otros en cumplimiento de su deber. ¿Has pensado en Jesús cómo un héroe de esa manera? Cuan más grande es el amor de Dios por sus hijos, y Él jamás podrá retractarse de su palabra y de su promesa. Podemos estar totalmente seguros que cuando le llamemos, Él siempre estará ahí sin importar día ni hora, por cualquier situación que estemos enfrentando Dios nos escuchara y más aún nos responderá.

A pesar de que en ocasiones sentimos que solo podemos percibir su silencio como respuesta; no nos desanimemos, que aquel buen Dios está pronto a ayudarnos y a librarnos de nuestras angustias. No sabemos cómo, pero Dios siempre cumple su promesa.  Alguien dijo alguna vez, “Lo mejor no es conocer la respuesta, sino conocer a Dios.” Si lo conocemos de esa manera profunda, sincera y simple Dios se manifestará en nuestras vidas. Y no solo que nos libra, dice su promesa, ¡sino que nos glorifica! En otras palabras, nos eleva y nos reconoce como sus hijos. El libro de Hebreos dice: “Sin fe no es posible agradar a Dios…” Con lo único, pero lo más importante, que contamos se llama fe.

¿Qué testimonios puedes dar sobre su amor, su compasión y su perdón en tu propia vida o de tu familia? Toma un momento y agradécele por eso declarándole que Él jamás te ha fallado hasta ahora. Dile a tu alma “lo he buscado y me ha respondido.” ¿Puedes abrazar esa verdad y creer que Dios siempre está contigo?  Ciertamente Dios es para nosotros como un héroe; aquel “héroe” que nunca descansa.

Escrito por Patricia Tamara Cofre

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Devocionales

Estudio de salmo 91:14

Salmo 91:14

El Señor dice: “Rescataré a los que me aman;
protegeré a los que confían en mi nombre.”

Isaac, uno de los seis mineros atrapados desde hacía ya catorce días, tomó lo que sintió era su última bocanada de aire y gritó con todas sus fuerzas. Sus colegas perseguían en silencio el rastro del bramido atravesando los 500 metros que los separaban de la superficie, con la esperanza de que esta vez alguien los escuchara. Pero no hubo respuesta. Isaac y sus amigos se acomodaron para dormir en la estrechez que les salvó la vida, abrigados solo por el espíritu de solidaridad que los animaba. Al día siguiente se repartieron las últimas raciones de alimento, y al otro sorbieron las últimas gotas de agua. Al tercer día, la complicidad de cruzar juntos el portal de su destino, los hermanaba aún más. De pronto, el sonido de un taladro que se abrió lugar cerca de ellos, rompió el silencio de la resignación y abrió el camino de la esperanza. 24 horas después, todos los mineros estaban a salvo en la superficie. Mientras Isaac y sus amigos abrazaban a sus familiares, uno de los rescatistas dijo a la prensa que tres días antes se habia dado la orden de cancelar las labores de rescate, pero justo antes de comenzar a retirar la maquinaria, el equipo registró las ondas de lo que parecía ser un grito proveniente de algún lugar a 500 metros de profundidad y se retomaron las acciones con mucha más diligencia. Luego se supo que las ondas que el equipo captó, fueron del grito que Isaac exclamó con todas sus fuerzas.

Como Isaac, muchos hemos gritado desde las profundidades más insondables de nuestra existencia, desde el fondo al que alguna desavencia nos ha empujado, sepultando nuestras esperanzas y ahogando nuestra fe. Pero desde ahí, desde el lugar de nuestra sepultura, podemos intentar una vez más gritar, llamar sin darnos por vencido, porque hay quien dice: “Cuando me llames, yo responderé y estaré contigo en la angustia”. Es cierto, cuando estamos en el fondo del abismo, gritar podría parecer inútil, pero no lo fue para Isaac, y no lo es para nosotros. Clamar a viva voz en medio del dolor, es romper el silencio, como el Cristo de la cruz clamó desde la cruz: ¡Dios mío!, ¡Dios mío!, ¿por qué me has abandonado? No porque había perdido la fe en su Padre, sino, porque es precisamente ahí, en el dolor, donde la fe legítima grita y clama, porque sabe que su clamor encontrará respuesta, y que su Salvador “lo rescatará y lo protegerá”. Y así como la bendición del clamor de Jesús tocó muchísimas vidas, el clamor de Isaac también rescató la vida de sus compañeros. No olvidemos que como hijos de Dios, también somo intercesores, y cuando decidimos clamar a él, la bendición que recibimos es para también bendecir a los demás.

Te invito a tomar un momento de reflexión y permitirte identificar aquello que tu alma anhela. ¿Qué cosas gritan dentro de ti que necesitas expresarle a tu Dios? ¿Clamas por paz, salud, seguridad, provisión económica? Te animo a que también extiendas tu clamor a interceder por tu familia, tu comunidad, tu ciudad, tu país, y por algún otro lado del mundo. Solo Dios nos rescatará y protegerá.

Escrito por José L. Verdi

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Devocionales

Estudio de salmo 91:13

Salmo 91:13

Pisotearás leones y cobras;
¡aplastarás feroces leones y serpientes bajo tus pies!

Este texto es enigmático donde se plantea que la persona que es protegida por Dios tendrá el poder de aplastar a fieras, y serpientes y también a los leones y víboras. Cuando se escribió este salmo encontrarse con ese tipo de animales salvajes parece que era bastante común, se vivía en esas sociedades y la seguridad personal dependía de la valentía y la fortaleza personal.  Los tiempos han cambiado y hoy, siendo que el ochenta por ciento de la población mundial vive en ciudades, las “fieras y las víboras” en nuestras vidas son otras. Las amenazas que nos presenta la ciudad son diferentes, pero también reconocemos que vivir en ciudades tiene muchas ventajas. Los citadinos quizás hoy para conocer un león o una serpiente tenemos que ir a un zoológico o verlo a través de un video.

Recuerdo la primera vez que vi un león y algunas serpientes, y fue en el antiguo zoológico de Santiago de Chile que se encontraba en el cerro San Cristóbal de la capital. Me causo una impresión fuerte y di gracias que estaba enjaulado.  Y las serpientes también me causaron temor, enrolladas en algunas ramas y sacando su lengua.  No son animales que uno quisiera tener de encontrarse o enfrentar.

Hoy en día, muchos confían en la policía para que de alguna manera los protejan de los asaltantes en la ciudad.  Pero, ¿quién nos puede librar y proteger de la envidia, la ira, los deseo o apegos descontrolados, y otras fieras que merodean en nuestra mente? Los amigos budistas han trabajado mucho estos aspectos y han aportado bastante al tema.  Pero creo que en la Biblia y en especial en los evangelios, Jesús con su vida y sus palabras nos enseña mucho al respecto. De alguna manera el control que tengamos de nuestra mente es clave para la vida cotidiana y para poder tener paz y reflejar esa armonía con Dios, las demás personas, con nosotros mismos y con la creación.  La meditación, la oración y la reflexión son herramientas que nos ayudan en esta tarea, lo que los maestros de espiritualidad llaman la vida contemplativa.  Es algo que debemos recuperar hoy con urgencia los que vivimos en grandes ciudades.

¿Cuáles son esas fieras en tu vida? Nombra dos o trés específicamente. ¿Deseas que Dios te empodere para derrotarlas? ¿Puedes imaginar cómo sería tu vida si tú, por el poder de Dios en ti, dominaras a estas amenazas en vez de que ellas te dominen a ti? Te invito a escoger UNA disciplina contemplativa (meditación, oración intensional, reflexión de textos bíblicos, o memorización de la Biblia) que quisieras practicar para combatir alguna de esas áreas.

Para terminar, ora a Dios pidiéndole que te guíe en cómo aplicar esta disciplina. Después, te animo a crear una estrategia simple y practica para implementar esta semana (por ejemplo, memorizaré un versículo para combatir mi ansiedad y lo repetiré cada mañana al comenzar el día). ¿Ya lo tienes? Compártelo con un amigo o familiar.

Escrito por Patricia Tamara Cofre

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